Marcelo Camelo- Fez-se mar Hoy nadé 45 minutos sin pausa, sentía el agua por los muslos, en la piel de las manos, las burbujas por el cuello y la cara, fue realmente grato. Esos momentos de relajo y esfuerzo se han vuelto imprescindibles; yo y mí misma avanzando cada día un poco más, siendo cada día un poco más resistente y permeable, dejando que el cuerpo imponga el ritmo (y no el pensamiento, como muchas otras veces). Terminé cansada y solamente porque debía hacer otras cosas, si no fuera por eso quizás aún estaría allí, hasta que mis brazos no dieran más, hasta el último aliento, hasta terminar rendida; la ecuación es fácil: a mayor cansancio menor cantidad de pensamientos inútiles y mayor cantidad y calidad de acciones concretas; el silencio es más fácil de encontrar así.
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